El miércoles tuve mi primer día de clase.
Diez mujeres y dos hombres..con bastante piedad y buen humor. Doce personas, conmigo trece, que iniciamos el descubrimiento del haiku. Casi mil años reunidos en una sala diáfana, permitiéndose y permiténdome iniciar algo que, según decían en la presentación les "sonaba a chino" y que no habían escuchado en su vida. Doce personas confiando y atreviéndose a acompañarme.
Me atrevo a plasmar la primera etapa en el recorrido, en el que paseamos por la sencillez y la brevedad de haiku a través de varios aspectos:
- la métrica
- la mirada inocente y clara
- la inmediatez, la narración de un suceso de la realidad inmediata: grande, pequeño, hermoso o "feo"
- lo inacabado, sugiere más que explica
- la sencillez de las imágenes
Trabajamos mediante un mapa conceptual y haikus que ilustraban cada uno de los momentos de este primer paseo.
Lo más hermoso fue el clima. En las dos horas de taller, las imágenes se sucedían, los ojos brillaban, los comentarios surgían frescos y espontáneos, se construía un universo frágil y luminoso alrededor de las breves palabras, cobraba sentido algo (tomado de Carlos Fleitas) que comenté en el inicio: un haiku no puede ser enseñado, sólo puede ser aprendido.
Soy muy afortunada, durante 9 semanas seguiremos caminando por la senda del haiku. Durante el siguiente taller exploraremos aspectos relacionados con el haiku como suceso que es percibido por los sentidos. Ya os contaré.
Un abrazo feliz
Lita

