En el otoño
el arce carmesí
tiñe de fuego
El tic-tac del viejo reloj marca la pauta. De noche, se oye más fuerte y se acompasa a los latidos del corazón. El reloj sobrevive al paso del tiempo, pero hay que darle cuerda todos los días y sorprende que aún huela a madera perfumada de esencias, a pesar de tener más de cien años.
Maderas nobles
rescatadas del fuego
con su tic- tac- tic…
Abandono la estancia que queda en semi-penumbra, tintada del naranja mercurial que desprenden las farolas de la calle y que cada noche, puntualmente, se cuela por el balcón sin pedir permiso, como si del sol del amanecer se tratara.
Por los visillos
el falso amanecer
de la ciudad
Otro día más lejos de las montañas.
Con cariño
Mercedes
Este relato es muy "ciudadano", pero bueno espero que os guste

