Tu pregunta, Gio, parece apuntar a una cuestión personal, ética, de conducta y relación ante nosotros mismos y frente a todo(s) lo(s) demás, puesto que te refieres a quien escribe y lee haikus; como dejando un poco aparte la cuestión estético-literaria y formal del arte propiamente dicho.
Es decir, que pareces centrar la pregunta únicamente sobre el sujeto, la persona que se dedica más o menos a escribirlos (el haijin) y/o a leerlos, ¿es así o estoy equivocado?
Defines el concepto de “actitud”, “como la forma con la que nos paramos frente a todo...”. Entiendo por igual sujeto de toda clase y objetos de toda índole o razón, naturales y artificiales; incluso yendo un poco más lejos (pero no “más allá”) se puede incluir a nuestros pensamientos, que son la base de muchas de nuestras creaciones. Lo digo porque así entendido, un pensamiento es también un “objeto” en potencia, primero de naturaleza mental y después física: por ejemplo, cualquier tecnología.
No confundamos pensamiento con sentimiento, emoción, sensibilidad, (psicología). Sólo al pensamiento, a la razón, le es atribuible una finalidad, cualquiera que esta sea. Recurres también a la RAE para precisar el concepto y allí leemos que es una disposición de ánimo ; se entiende pues relativa a lo anímico, al alma, o si prefieres, a nuestra psique. Pero advierte que esa “disposición” de ánimo está mediada por una voluntad moral (*) (...actitud benévola, pacífica, amenazadora, de una persona, de un partido, de un gobierno) y no sólo por las facultades propias de nuestra psicología ni de la psicología llamada profunda, la inconsciente.
Kant afirmaba que “a toda facultad del ánimo se puede atribuir un interés, esto es, un principio que encierra la condición bajo la cual solamente es favorecido el ejercicio de la misma”. ¿Qué significa esto?, pues que la razón no es neutral, que en cada ámbito del saber se pone en marcha movido por un interés objetivo, sin el cual no tendría sentido dirigirse a su meta.
Quien escribe haiku (mal que bien, pero con gusto e interés) sabe ya a poco que investigue en las fuentes, que haiku es algo más que la mera exposición estrófica del 5-7-5.
Como dice Chantal Maillard en Orinar en la nieve, prólogo a la edición de Miraguano, 2006, con el título El monje desnudo, de Taneda Santoka, “El arte del haiku consiste en transmitir, con la mínima expresión, la esencia de una realidad captada –que no capturada- en la inmediatez de un instante. Consciente de que la singularidad de lo vivido es refractaria al lenguaje y a sus convenciones y que la realidad siempre trasciende la palabra que la traduce, la traiciona y sacrifica, el poeta ha de fijar su experiencia en el verso como a un águila la flecha, en pleno vuelo.” (El subrayado es mío)
Por eso decía en el otro post, que si deseábamos acudir a la cuestión del fondo (a la actitud con que pararse frente a las cosas del mundo, tanto exteriores como interiores) había que seguir, estudiar las huellas que dejaron los antiguos haijines, pero además aprender a reconocer de qué huellas se trata. Que para empezar a entenderlo, sin conocer su idioma nativo, hay que acercarse poquito a poco, con el mayor de los respetos a sus textos. Para ello contamos con buenos y concienzudos estudiosos y divulgadores y también con algunos excelentes haijines en castellano que siguen las huellas (no entro en la cuestión de las nuevas sendas abiertas por nuevos e interesantísimos haijines que investigan otras formas; me limito sólo al haiku clásico y neoclásico por cuestiones de aprendizaje, por ese respeto a las fuentes de donde mana toda su filosofía estético-religiosa, digámoslo de una vez) a todo lo largo de su historia y desarrollo; de quienes como tú mismo, todos vosotros, andáis interesados por conocer y entender éste ámbito de la creatividad y del pensamiento estético japonés.
“¿Y que dices de la actitud?, ¿Qué hay de la esencia en quien escribe o lee haiku?, ¿de su actitud para transmitirla o captarla?” Pues que voy a decir, amigo Gío, que tú mismo no puedas decirnos. En ese aspecto cada cual sabe qué anda buscando, qué ha logrado, qué ha cambiado en su interior si es que ha estado uno atento a todo ese movimiento interno que nos hace descubrir cómo somos, incluyendo nuestras propias contradicciones, aciertos y errores, pues estamos hechos de todo eso y de mucho más, de muchas y de lo mismo. Y ahí estamos. La meta la ponemos cada cual. En el camino del haiku, para algunos será toda su vida, para otros una moda, un estilo de hacer poesía sintética, un entretenimiento, etc, etc, etc. Todo igualmente válido, según nuestros intereses, según nuestras razones, según nuestra actitud frente a la vida y a cuantas implicaciones y compromisos adquiramos o no adquiramos. Pero si hay que decir algo concreto respecto a la actitud, atengámonos a lo que dicen quienes tratan de señalarnos el camino del Haiku. La escucha y atención, interior y exterior. Yo diría la reverberación del propio silencio. Pero también y a través de nuestros sentidos, la “sinfonía” de la Naturaleza.
(*) La palabra “moral” puede tomarse en dos acepciones diferentes: con referencia directa al comportamiento humano y a su calificación como moral o su contrario, inmoral; y como la parte de la filosofía –filosofía moral, Moral a secas también, escrito con mayúscula, o Etica- que se ocupa del comportamiento humano en cuanto bueno o malo.
Tomado de Propuestas morales, José Luis L. Aranguren. Tecnos, 1990, (3ª edición)
Saludos
