Los ascensores son un espacio incómodo, al menos para mí, sobretodo cuando son compartidos con extraños. El espacio vital se ve sobrepasado y crea esa cierta incomodidad, a veces rota con algún comentario sobre el tiempo... En otras ocasiones, el silencio se agudiza, no encontramos un sitio donde colocar la mirada; sólo se espera llegar de una vez al piso deseado.
Sube el ascensor,
las miradas al suelo…
Y ese silencio .

