Gracias, compañer@s.
Muy bien visto, compañero Luezei... Aquí queda casi en última instancia, pero solo casi, lo triste, lo luctuoso... y contrasta sobremanera lo orgánico, lo que ya no está, el cuerpo de un niño enterrado hacía más de cuarenta años, con lo inorgánico, el zapatito, lo que todavía permanece a pesar de todo ese tiempo. Y por último, ese gesto, ese detalle amable y delicado, casi tierno en su crudeza, del sepulturero, que ante la tragedia de un nuevo enterramiento y por el que se está llevando a cabo dicha exhumación, entrega a los familiares más directos ese hallazgo, ese residuo, ese zapatito.
Salud