Qué chulo, Grego. Estoy paseando por aquí y no había visto las fotos.
Siento satisfacción al verlo, y también la tranquilidad de ver completada una obra, después de toda la energía que pusimos en este libro. Con él llevamos trabajando más de seis meses, trabajo constante, lento y silencioso ... desde el momento en que nos propusieron la actividad desde Chinchilla, los haikus en las banderas, el mirador de la Sala (unas gradas de piedra, lugar privilegiado que da al vasto paisaje manchego) y organizamos desde AGHA aquel encuentro en una mañana espléndida de otoño, pese a todos los pronósticos sol con apenas viento, amigos unidos por el haiku y gente que fue sin saber a qué iba, como los fotógrafos de la Universidad Popular, pero luego se quedaron fascinados por lo que sucedió. Con naturalidad, como es el haiku. Y después reunir material, maquetarlo, darle mil vueltas para que todo fuera perfecto ... que no lo es, por supuesto. Pero siempre trabajamos buscando lo imposible ¿verdad?
El libro no contiene muchos haiku; es más la exposición de algo que sucedió, de la sierra, de la gente. Formas de perpetuar un presente, como también es el haiku. Sin embargo, creo que el libro da paso a otra cosa. No sé cómo definirlo, pero después de todo, ese es su mensaje. Y la música, es preciosa. Hace sentir nostalgia y una suave alegría.
En fin ... sucedió.
Gracias.
Besos para todos los que habéis llegado hasta aquí
