La primera de las variantes salvaría la cuestión. Me sigue gustando, aunque el cambio en el último verso produce un cambio global en el conjunto del poema. Con el cambio, se podría calificar como haiku descriptivo, antes tendría más dudas.
Aunque veo que ya no tiene mucho sentido, perdonadme

, Sandra y Lucas, por no dar mi brazo a torcer todavía

. Siento que aprendo algo en la reflexión y en la discusión.

(No penséis que soy una mosca cojonera

)
Conozco el pasaje que citas Sandra, creo que lo leí en
El espacio interior del Haiku de Vicente Haya. Me gustó mucho ese libro. También estoy de acuerdo con tu opinión sobre el "haiku filosófico" y con las palabras del Vicente Haya. El haiku filosófico es una deformación del haiku, que se debería evitar o, si se cultiva algo parecido, que sea fuera de la denominación de haiku.
No obstante, no creo que nos encontremos ante un haiku filosófico. Puede que Lucas me tenga engañado

(es broma), pero yo no siento que este sea un haiku filosófico, porque no encuentro una idea latente ni en el conjunto ni en el último verso. Me refiero con idea a un simbolismo enmarcado en cualquier ideología oculto en las palabras, a algo que se nos quiera transmitir aparentemente como observación natural, pero completamente interior y artificial. En este caso, Lucas no creo que introduzca nada de eso. No extrae ninguna conclusión de la Naturaleza y tampoco expone una reflexión propia, aunque tampoco es una simple descripción. Al leerlo, percibo un sentimiento de "curiosidad" por parte de Lucas. Cuando se lee un haiku, a veces se puede sentir que el poeta ha experimentado nostalgia, o alegría, o compasión, o ternura, o irritación... tal vez también se puede incluir en todo esto la curiosidad. Si una semilla cae a la tierra, puede inducir a un poeta a escribir "qué nacerá" o, si la especie de la semilla es conocida, como en este caso, se podría preguntar "¿nacerá?", sin entrar en entresijos filosóficos. Tras la explicación que Lucas dio y después de una muchas lecturas, a la curiosidad he de añadirle el sentimiento de impaciencia. Con esto, me refiero a que en el último verso noto sentimientos que son parte de la observación, no reflexiones. Podría compararlo con un haiku donde el autor advierta unos nubarrones como el carbón a lo lejos y que diga "parece que va a llover". Aún no está lloviendo, pero ve los nubes negras y podría anunciar que acabará lloviendo donde esta él (aunque, quizá, finalmente las nubes pasen de largo). No lo vería como algo filosófico.
El ejemplo que doy, seguramente no muy afortunado, y el último verso de Lucas los enmarcaría en una "lógica natural" (no una lógica filosófica). Con esta "lógica natural" (que me saco del bolsillo) es con la que la gacela, por ejemplo, si ve los dientes del león, sale corriendo: sabe lo que le puede pasar si se queda ahí. O con la que un depredador cualquiera, al ver los vivos colores de una rana, decide no hincarle el diente por ser venenosa. Del mismo modo, Lucas, al ver caer una bellota, sabe que puede creer o no crecer y puede plantear esa duda.