Una noche de hace ya bastantes veranos, nos dejamos caer en el casino de Sant Pere de Ribes. Todo transcurría dentro de la normalidad, nadie reparaba en nosotros que íbamos de curiosos. Y al cabo de un rato, empezó a haber un revuelo en la sala. Todos los presentes se hablaban al oído y enseguida trajeron jarrones con flores y adornaron el suelo con alfombras rojas. Al instante entraron por la puerta Camilo José Cela y Marina y se acercaron a una de las mesas a jugar. Una de mis amigas y yo nos acercamos hasta él (hoy no sé si lo hubiera hecho) y en una servilleta sencilla de papel, de esas que tienen un marco azul o rojo impreso, le pedimos un autógrafo. No se negó. Y sacó de su bolsillo un bolígrafo y al intentar escribir, dijo: "no pinta". ¡No pintaba el bolígrafo de Camilo José Cela, dios mío! Mi amiga entonces se apresuró a sacar uno de su bolsillo y entonces fue cuando nos dejó su firma para la posteridad. Puse la servilleta dentro del libro de la familia de Pascual Duarte. Y ahí estará, supongo, ¡si no se la ha comido alguna polilla!
Espero que el día en cuestión, te pinte el boli.
Otro abrazote,
estela