Bajo del agua
al mirar hacia el cielo…
baila la luna.
Cesó la lluvia.
Al calmarse los charcos
aparece la luna.
A media noche
lenta por mi ventana
sube la luna.
A mi cocina
entro a fregar los platos…
¡Cuantas hormigas!
Luz del crepúsculo.
Y aquel araguaney,
es otro ocaso.
Ya no está más
aquél araguaney.
Ni está mi madre.
La calle alfombrada
con los papeles rojos
de los petardos.
Lejos de casa.
¡Que distintos los trinos
esta mañana!
Mientras escribo
se mece la palmera
y escucho el mar.
Terminó el baile.
Los grillos y las olas
se oyen de nuevo.
A media noche,
al abrir la cortina,
la luna sola.
La noche es larga
Van pasando las horas
mientras escribo.
Ya llevo días
sin ver ni ninguna mosca.
¿Dónde estarán?
Primeras gotas.
El canario en la jaula
cesa su canto.
Veo por la puerta
del final del pasillo,
caer la lluvia.
La noche es larga.
lenta por mi ventana
sube la luna.
Sube la luna
y deslizan las gotas,
por mi ventana.
Se va la nube.
De nuevo en mi ventana,
brilla la luna.
De madrugada
junto a la luna quieta
pasa un avión.
Suspiro hondo
cuando al leer un haiku
se mueve mi alma.
En soledad
leo haiku de Issa
y escribo alguno.
Dolor de espalda.
Al apagar la música
oigo los trinos.
Entre las olas,
gallos, trinos y perros…
Ruge un avión.
Oigo a lo lejos
repetir su reclamo
un cristofué.
Siempre estoy solo.
Pero llevo conmigo
esta presencia.
Ese misterio
que me maravillaba
me está matando.
Entre alegrías
de tiempos favorables,
mi frustración.
Caen las flores
de este araguaney.
Guardo silencio.
Soy una persona
capaz de soledad
y de silencio.
En el cielo azul
junto a aquella palmera,
la media luna.
Amaneció.
El arco de la luna
apunta al sol.
Hoy es el sol,
anoche era la luna,
sobre mi almohada.
Gira sobre mí,
una gaviota oscura.
Cielo sin nubes…
Mota de polvo.
Revolotea loca
junto a mi sien.
Hoy tras nadar,
mis cereales con leche
y unas fresas.
El fluir del agua
acaricia mi piel.
Nado mil metros.
Cuarenta años,
¿Veré cuarenta más?
Pasa la brisa.
Pequeños soles
vibrando entre las gotas
de frío rocío.
Juegan los niños
orinando hacia el cielo.
Tardes lejanas.
De unas ramitas
y bolsas de mercado
un papagayo.
(un barrilete)
(un papalote)
(una cometa)
Leyendo a Shiki,
recuerdo su salud…
también la mía…
En la palmera
estalla un trino alegre
esta mañana.
Matas de plátano.
Mil matices de verde
mece la brisa.
La sutil neblina
del eucalipto baja
al platanal.
Por mi ventana
veo volar pelícanos
en formación.
Ahora no hay nada,
salvo el cielo y el sucio
de mi ventana.
En lo lejano
vuela un par de zamuros.
(vuelan los zopilotes)
Tarde de sol.
Pájaro gris.
¡Cuantos colores tienes
en tu trinar!
Como duraznos
y miro a una mujer
tender la ropa.
Cierro los ojos.
Murmullo de las olas
en el ocaso.
Pasa la mosca
caminando imprudente
entre mis letras.
Sobre tu vientre
mojado por la lluvia,
gotas de luna.
Tarde sin nubes.
Al cerrar la cortina
nublo mi cuarto.
Primera lluvia.
El cigarro en el suelo
aún humea.
Tarde sin sol.
Desde lo alto del poste
se escucha un trinar.
Yace en el suelo
el árbol que floreó
sobre este cerro.
Paz y Bien...



