pasa la noche
sin estrellas y lluvia
¡ninguna rana!
Llueve toda la noche. Es una lluvia muy discreta. Tras la ventana hay un muchacho contemplando la luz que vibra sobre el agua que corre, la luna que se asoma brevemente en los charcos antes de esconderse en una nube con bordes de arcoíris. A falta de estrellas, el croar de las ranas. Su canto es un arrullo entrelazado con el murmullo de la llovizna. El suave aroma de los elementos se filtra por la fina cuadrícula de alambre. Lo respira, lo llena. Tiembla una inexplicable gratitud en sus pupilas.
Ahora todo es casi igual. Excepto que es otro quien se asoma y, desde hace mucho ya, no cantan las ranas.
Con afecto, Saúl: (11:37 PM, sigue lloviendo...)...
