Atrás quedó la semana santa. La calma ha vuelto a Tossa. Paseando por la playa, el sonido de las olas serena la mente. La muralla y la parte antigua se integran armoniosamente en el paisaje. Sus cañones, mudos desde hace siglos, apuntan sin ninguna intención a los pocos bañistas que desafían las aguas aún demasiado frías. El sol calienta pero no quema y no puede uno resistirse a tumbarse en la arena. Te dejas ir. Poco a poco se van cerrando los ojos. Todo se va desvaneciendo. Primero los niños que juegan con sus cometas, luego, despacio, muy despacio, incluso el cielo y el mar. Sólo el sonido de las olas permanece. Viene y va, viene y va. Y solamente de vez en cuando, el grito de una gaviota que lo acompaña.
Lejos, muy lejos. Cada vez más lejos.
entre las olas
el grito de la gaviota
desaparece
Saludos
Jordi Climent



