El haiku (Israel López Balan)

Para que los miembros del taller aporten materiales que consideren interesantes.
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fanega
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El haiku (Israel López Balan)

Mensaje por fanega »



Es casi una constante que todos los occidentales que se han sentido tocados y cautivados por la poesía brotada de un haiku lo hayan sido en primera instancia por su brevedad. Esa muy especial brevedad capaz de sugerir y evidenciar a la vez. Pareciera que el vacío resultado de expresar mucho con tan poco se recibiera como un reto a vencer… como un juego.


Sin embargo, para que un haiku merezca ser llamado tal, hoy en día no basta con tener tres versos de cinco, siete y cinco sílabas. Hace falta algo más: eso que una cultura tan sutil y pulcra —la japo-nesa tradicional— esconde con celo para ser develado sólo al lector paciente de mirada cautelosa y corazón abierto.




Lluvia de ayer
— el vuelo de los pájaros
en los charcos.




De entre la variedad de libros publicados con el fin de difundir el haiku japonés en nuestro idioma, la mayoría pertenece a alguna de las siguientes categorías: trabajos teóricos sobre historia, traducción y comprensión de la poesía japonesa; los dedicados enteramente a cualquiera de los cuatro grandes maestros: Bashô, Buson, Issa y Shiki; antologías con decenas de poemas traducidos por algún erudito en japo-nés y agrupados, por lo general, según las estaciones del año o la autoría; colecciones de autores noveles (las menos frecuentes), en donde muchas veces el único factor para ser considerados haiku es la métrica, y libros con la mezcla de dos o más de las categorías anteriores.


No obstante, existen excepciones, como la ocurrida en México hace poco más de 50 años, en lo que fue uno de los encuentros más fortuitos para la historia de la literatura universal: Oku no Hosomichi, diario de viaje escrito con forma de haibun (prosa acompañada de haiku) por un peregrino japonés, fue traducido y publicado por primera vez en una lengua occidental bajo el título de Sendas de Oku. Su traductor fue Octavio Paz en colaboración con Eikichi Hayashiya. Su autor: Matsuo Bashô, poeta clásico oriental llamado “el padre del haiku”.


En Sendas de Oku (México, FCE, 2005), el lector podrá encontrar, además de los reveladores textos presentados por el Nobel mexicano en la edición original, la versión en japonés, y el hábil trazo de las ilustraciones de Yosa Buson -—pintor y gran admirador de Bashô—. Al final del libro, un mapita permite seguir la ruta que recorrió el autor en el más celebre de sus viajes por Japón. Sin duda, una edición con “sabor de haiku”, redonda tanto en su presentación como en sus contenidos.




Viento de otoño:
lo oí toda la noche
en la montaña.




Sora (versión de Octavio Paz)
Otra excepción es Haiga (Madrid, Hiperión, 2005), primer libro en español del artista Yukki Yaura. Un haiga es una pintura inspirada por un haiku, al cual acompaña y enriquece. La historia del haiga es paralela a la del haiku mismo, pues era común que en la antigüedad algunos de los haijin (poetas de haiku) ilustraran mediante unos cuantos trazos sus poemas. A este respecto, Haiga no sólo con-tiene muy buenos ejemplos de haiku ilustrado, sino también información acerca de los instrumentos utilizados en este arte, así como datos sobre la correcta manipulación del pincel para un trazo de maestro.




Pintor callejero
— apenas blanco y azul
para un cuadro de invierno.




A pesar de que El haiku japonés. Historia y traducción, libro escrito por el profesor sevillano Fernando Rodríguez-Izquierdo, fue publicado por primera vez en 1972, todavía, después de su cuarta edición, sigue siendo una referencia obligada para iniciados y neófitos del tema. Consta de dos partes: la primera es todo un estudio histórico, lingüístico y literario del haiku, desde sus orígenes e influencias, hasta los consejos que el maestro Shiki daba a los poetas de su escuela: “Recuerda la perspectiva. Los objetos grandes son grandes, pero los pequeños también son grandes si se ven de cerca.” (Es inevitable que el cliché del sensei japonés venga a la mente.) En la segunda parte, se reproducen y traducen poco más de 160 de los poemas más famosos. Todos ellos comentados por el propio autor como si de un tour por tierras lejanas se tratara.




La mosca quieta
es parte de la ofrenda
— noche de muertos.




En materia de antologías, Jaikus inmortales (Madrid, Hiperión, 1983) ofrece un festín para los sentidos en forma bilingüe, tomando como eje central a los cuatro maestros, seguidos por sus respectivos discípulos o contemporáneos, según sea el caso. Aunado al llamativo hecho de escribir haiku con “j”, el autor comparte la siguiente anécdota que resume bien el espíritu de selección de los poemas: “En 1946 Takeo Kuwajara, catedrático de literatura francesa en la Universidad de Tokio, pidió a un grupo de colegas que evaluaran una serie de jaikus sin darles a conocer el nombre de los autores. Los resultados de la encuesta demostraron que poemas compuestos por aficionados y poetas desconocidos eran a veces más estimados que los de vates famosos. Y así debe ser. El renombre de un autor no tiene por qué garan-tizar la excelencia de un poema.”


Por su parte, Nieve, luna, flores (Palma de Mallorca, Calima, 1997) es con toda seguridad la colección más extensa de su tipo en español, con un total de 800 poemas de 153 poetas agrupados de acuer-do con los siglos históricos del haiku. Aunque sólo se incluyen las versiones en español, el traductor deja ver sus dotes de poeta, al conseguir que sus versiones logren transmitir los valores esenciales del haiku: sencillez, espontaneidad, renuncia a todo verbalismo, libertad, aceptación de lo que es, yuxtaposición, soledad, olvido del yo, humor, comunión y amor al universo y a todas las cosas que lo componen.




Brisa de verano
— otra tortuga llega
al estanque.




Entrado el siglo XXI, la divulgación del haiku en castellano parece tomar un nuevo aire de la mano del español Vicente Haya, quien es autor de El corazón del haiku (Madrid, Mandala, 2002), El espacio interior del haiku (Barcelona, Shinden, 2004) y Haiku: la vía de los sentidos (Valencia, Institución Alfonso El Magnánimo, 2005), entre otros. A las librerí-as mexicanas han llegado Saborear el agua (Madrid, Hiperión, 2004) y Haiku-dô (Barcelona, Kairós, 2007). El primero es una colección bilingüe de cien haikus escritos por un monje zen llamado Taneda Santôka (1882-1940), quien es ya considerado un clásico por ser el último eslabón de poetas-peregrinos de Japón, así como el máximo poder expresivo del llamado “haiku libre”, vertiente que desde principios del siglo pasado vino a romper con la métrica tradicional del haiku sin por ello perder sus atributos.


Por otro lado, en Haiku-dô Vicente Haya propone setenta poemas que son como enigmas a descifrar. Todo con tal de demostrar que la escritura, el estudio o la lectura del haiku japonés ha sido, y puede convertirse en una Vía espiritual (dô). Al final, uno no puede más que tomar el lápiz y seguir practicando…




Nadie a la vista
— la luna y yo solos
en la azotea.




A pesar de no ser tan conocido el lado poeta del escritor Julio Cortázar, en 1984 publicó Salvo el crepúsculo, vistoso collage literario donde el autor logra la tarea de entrelazar fina-mente sus textos y arrimos poéticos, con fragmentos de escritores como Jean Cocteau o García Lorca. En el coctel no podía faltar la pincelada oriental a cargo del haijin Matsuo Bashô y uno de sus poemas más famosos, mismo que inspiró el título del libro:




Este camino 
ya nadie lo recorre
salvo el crepúsculo.




En 1900 un mexicano llamado José Juan Tablada viajó al Japón. Este hecho marcó a tal grado su vida, que para 1919 publicó Un día…, pequeño libro de “poemas sintéticos” considerado el ante-cedente más remoto del haiku en nuestro idioma. Tres años después, en 1922, publica El jarro de flores, donde apuntó: “Los ‘poemas sintéticos’, así como estas ‘disociaciones líricas’, no son sino poe-mas al modo de los ‘hokku’ o ‘haikai’ japoneses, que me complace haber introducido a la lírica castellana.”








Israel López Balan es poeta de haiku en español e inglés y colaborador de la revista electrónica El rincón del haiku.

http://www.hojaporhoja.com.mx/articulo. ... numero=135
Paz y Bien...

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Después de todo, mi camino no es más que el camino de seguir mi estupidez hasta el final... (Santoka)

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MirtaGili
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Re: gracias !

Mensaje por MirtaGili »

Gracias

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