DE ALBOLODUY A ABLA. (4)

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Roper
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DE ALBOLODUY A ABLA. (4)

Mensaje por Roper » 31 Mar 2015, 09:37

HAIBUN DE PRIMAVERA.
PRIMERA PARTE
CUATRO DÍAS DE PRIMAVERA.

CAPÍTULO 4

DE ALBODOLUY A ABLA.
En la pensión Mirasierra, Abla a Jueves 26 de Marzo de 2015.
He salido de Alboloduy con toda la ilusión del mundo después de ver que mis dolores
por agujetas y mis molestias por las ampollas han desaparecido. El camino me sigue llevando por el río, el camino que sigue el agua...
El día se levantó medio despejado pero con un viento helado y molesto, parece que ha nevado en la alta montaña, pero no puedo verlo todavía.
Los caminos del agua..., el río, que salió hace un par de días, tiene tramos de piedra y limo, se hace difícil andar. Un poco más adelante me saca del cauce seco para ascender por un cerro muy alto y con un sendero que sube rápidamente y en zig-zag.
Los cerros y lomas no tienen apenas vegetación, pero están sembrados de chumberas, que en este tiempo, no tienen flor ni fruto y están plagadas, igual que las que veo por todas partes, de cochinilla. Una collalba negra me precede de penca en penca con algún interés. Todas las pencas que veo también están mordidas por lo que supongo serán cabras aunque no sé de que naturaleza.

Después de mucho subir, el sendero me entrega a una carretera desierta y sin arcén en la que el viento arrecia todavía más...,
luego me devuelve al río por otro camino, este un poco menos empinado y en descenso. Ahora el río está cubierto por cañaveras y el viento encañonado, las mueve de forma especial, se me ocurre que:
“Entre las cañas
remolinos de viento.
Recuerdan al mar...”
Hay un dolor nuevo en mi pie izquierdo que me está martirizando toda la mañana y que me hace retrasar el paso. Al llegar a Nacimiento, el pueblo que tras un recodo da nombre al río, decido pararme en la farmacia y comprar alguna pomada que me alivie. Sigo adelante, por el río, un río que habrá visto tantas cosas...

Las cañas dejan paso a los tarajes y se abren las margenes para que entren los huertos, más pobres y desatendidos, siempre ya a la sombra de Sierra Nevada, donde se empiezan a poblar sus cumbres de pino negro y encinas. Solo se oye el viento, que trae un frio cercano, de nieve,De no ver ni un triste conejo en tanto rato, me imagino figuras en las piedras que sobresalen..., he descubierto una pareja de zorzales en un taray.
Ha pasado la hora de comer y aparecen unos cortijos de piedra, el camino me lleva a ellos. Hay casas y corrales con techos hechos con grandes lajas a base de pizarras, se ve una vida dura, no hay nada que indique de que pueden vivir, solo olivos, no veo trigales ni almendros..., sigo mi camino, que se me hace pesado, cada vez más y mis pasos también se hacen más cortos. Solo me alegro cuando paso por otro pueblo “Doña María” ¡Que nombre!

El río, siempre el río, mas empedrado o menos..., siempre sin agua... y este dolor que no me deja pensar en otra cosa...
Al unirse el río al paso de la autovía y después de pasar por Ocaña, otra aldea sin más, empiezo a ver los primeros signos de mi destino, Abla, los carteles de la autovía
indican la salida cercana. El alma se me alegra cuando veo una pareja de perdices que avanzan correteando delante de mí pero sin levantar el vuelo, escondiéndose y volviendo a salir de taray en taray..., poco a poco las voy alcanzando y me viene a la mente la imitación de su canto que me enseñó mi padre de muy pequeño. Lo voy haciendo y descubro asombrado como el macho se para a oírme, se esponja las plumas y me responde! ¡Ja ja ja ja, funciona!, y ahí voy yo... “el encantador de perdices”, imitando el canto mientras sigo andando y así, se me pasa un poco el dolor del píe...

Llego a “Las Juntas” donde se une el río con la rambla que me llevará hasta el pueblo y me meterá en las Alpujarras, en plena Sierra Nevada. La imagen que descubro es muy bella. Quería retratarla pero me he quedado sin batería en el teléfono:
Entre las nubes de frío, los rayos de sol, iluminan por trozos una sierra completamente nevada de la tarde anterior, solo deja más oscuras las aristas, que el viento ha limpiado, y a sus pies, un pueblo de montaña, con el humo de sus chimeneas, el campanario y sus casas de tejas. Profunda emoción y también dolor que no cesa. Lentamente voy subiendo hasta la altura de la carretera y llegando a la posada donde dormiré esta noche.
Me estoy planteando si seguir o volverme, por que después de 27 kilómetros no me parece un dolor que pueda quitarse tan fácilmente y me voy a dar la noche de tregua.
A ver como me levanto mañana, aunque tengo el ánimo bastante decaído.
¡El viento se levanta! ¡Hay que intentar vivir!

Paul Valery

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